La calidad en la atención y la educación de la primera infancia es reconocida como estrategia central en la reducción de la pobreza. Existe evidencia de resultados positivos en lo referente a la inversión en estas áreas, lo cual podría contribuir a las políticas globales de cómo enfrentar la desnutrición infantil, incrementar la asistencia y desempeño de los niños a la escuela, además de fortalecer el desarrollo económico. En resumen, apoyar a los niños y a sus familias para que tengan acceso a la educación inicial podría ayudar a cortar el círculo de la pobreza. Sin embargo, esta potencialidad sólo se vuelve significativa si los programas de cuidado y educación de la primera infancia llegan, en efecto, primero a los niños más pobres y excluidos.