La investigación se propone probar la teoría tradicional de la migración como inversión: que los hogares elijan migrar para ganar una red de beneficios esperados y que, en promedio, lo lograrían. Los hallazgos para familias peruanas migrantes de zona rural a urbana confirman esta hipótesis, pero también existe un número significativo de familias que se movilizan en la dirección opuesta, es decir de las zonas urbanas a las rurales. Esto último aparece correlacionado con un empeoramiento general de la riqueza del hogar. El resultado que el promedio de familias migrantes de zona urbana a rural experimenta una declinación substancial de sus ingresos es inconsistente con la noción de migración como una decisión racional. Al menos que otros beneficios de la migración urbano-rural, quizás de largo plazo, importen más que un deterioro de los ingresos en el corto plazo, o que la familia estime que permanecer en el área urbana sería peor, debido a un shock adverso no observado.

Para controlar el hecho de que la variable migración es endógena, se consideró migraciones previas. Sin embargo, este instrumento sirvió para reforzar el argumento de que las personas que migraron antes y son vulnerables a sufrir shocks adversos, terminan siendo empujadas nuevamente a migrar por tales hechos negativos.