El reconocimiento de la importancia de la buena nutrición en la infancia temprana ha llevado a una aceptación creciente de que los primeros 1000 días (desde la concepción del bebe hasta los dos años de edad) es una ventana crítica de oportunidad para asegurar a los niños una condición saludable, que se refleja en beneficios en otras áreas de su desarrollo, a través de su vida.
Existen poderosos argumentos que respaldan que las inversiones durante la infancia son pilares para un mejor desarrollo de largo plazo, así como el periodo cuando las intervenciones en los niños son más eficientes para reducir los impactos negativos que causan la pobreza infantil.
La malnutrición se refleja en el desarrollo físico de los niños, y se agrava en el caso de la desnutrición crónica infantil a edades tempranas porque genera serias desventajas en los niños. Sin embargo, los hallazgos de estudios longitudinales han estado identificando que los niños que fueron desnutridos en su infancia inicial, sí pueden recuperarse durante su niñez posterior.
Ahora bien, aunque algunos niños pueden recuperarse de la desnutrición temprana, también es cierto que otros se tornan desnutridos tras un tiempo de vida en que tuvieron un crecimiento normal. Es importante entender qué determina los cambios en el desarrollo de la niñez intermedia (post-infancia), en la medida que brinda información sobre los patrones del desarrollo infantil (e intervenciones), que podrían potenciar un crecimiento saludable de los niños más sólido.