El estudio encontró que los mecanismos usados por los hogares son consistentes con la hipótesis de que los shocks afectan principalmente la calidad del aprendizaje escolar, más que la asistencia a la escuela propiamente dicha. Así, no se encuentra evidencia de que shocks negativos tengan impacto adicional sobre el atraso educativo, por lo que no habría tampoco un efecto sobre una eventual mayor deserción escolar. Sin embargo, aunque ante un shock negativo no disminuye el tiempo dedicado a la educación, si se reduce la acumulación efectiva de capital humano a través de destinar menos dinero en educación, tanto en zonas urbanas como rurales. Se evidencia este efecto cuando baja el ingreso económico o la disponibilidad de recursos para gastar, así como por la pérdida de empleo de algún miembro del hogar.