Se  halló que por un lado, la desnutrición en los niños podría tener efectos negativos a largo plazo y, por otro, que los shocks climáticos son una variable que puede dificultar la superación de la desnutrición (más que otro tipo de shocks). Esta evidencia sugiere que los shocks climáticos podrían tener un efecto permanente en la salud, afectando la destreza de los niños de adquirir habilidades cognitivas y no cognitivas. La investigación también contribuye a la literatura al encontrar que el impacto negativo de los shocks climáticos en la nutrición infantil puede compensarse ejecutando estrategias que cubran a los niños vulnerables de esos riesgos. La ayuda del Gobierno parece insuficiente para enfrentar tales efectos negativos, mientras que los hallazgos sugieren la pertinencia de cambiar el enfoque de las políticas públicas: pasar de las acciones directas a dotar a los hogares de capacidades contra aquellas adversidades.