El retraso del crecimiento en los niños es un fenómeno persistente en los países en desarrollo. A nivel mundial, el 23,2 por ciento de los niños menores de 5 años tenían un retraso en el crecimiento en 2015. Aunque esto representa una disminución en comparación con la cifra de 2000 (32,7 por ciento), los avances han sido desiguales en todo el mundo, con cinco subregiones que siguen registrando tasas de retraso del crecimiento superiores al 30% (África occidental, África media, África oriental, Asia meridional y Oceanía). El retraso del crecimiento se asocia con desnutrición y se considera uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo subóptimo del niño (Grantham-McGregor et al., 2007). En consecuencia, su erradicación es una característica destacada de la agenda de 2030 para el desarrollo sostenible.

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