Los resultados de este estudio cualitativo sugieren que los niños, niñas y adolescentes comprenden que el Estado llega a la localidad urbana o rural donde vive el ciudadano —en este caso, los propios niños—, pero sin equidad ni transparencia. Las instituciones estatales parecen dar el mensaje de que no están allí para velar por el beneficio común, sino todo lo contrario; es decir, que sus autoridades y funcionarios se benefician del servicio —sueldo, estatus, prebendas, coimas, etcétera— a costa de los usuarios —niños, niñas y adolescentes—, sin reconocer ni respetar su ciudadanía. Entonces, el tipo de Estado que perciben es un Estado débil, con un carácter democrático también débil, en el que prima la sensación de inseguridad. Esto evidencia que, desde sus primeras experiencias de relación con las instituciones públicas, estos actores están en un proceso constante de formación de una ciudadanía incompleta.