En primer lugar, documentamos una alta prevalencia de comportamientos riesgosos: 1 de cada 2 individuos participan en al menos una actividad de riesgo a los 19 años de edad, con un aumento dramático entre los 15 y 19 años.

En segundo lugar, encontramos un sesgo muy pronunciado de parte de los jóvenes varones , y muchas diferencias por área de residencia, particularmente en los hábitos de consumo de alcohol, que son más frecuentes en las zonas urbanas.

En tercer lugar, encontramos una correlación negativa entre autoestima temprana y comportamientos riesgosos posteriores, que es un resultado robusto.

Además, aspirar a una educación superior a la edad de 15 años se correlaciona con una menor probabilidad de participar en comportamientos criminales a los 19 años. Del mismo modo, las aspiraciones protegen a las adolescentes mujeres de eventuales comportamientos sexuales de riesgo.

Acceda libremente a la investigación aquí.