Ernesto Pollitt nació en Lima el 21 de abril de 1938 y falleció en la misma ciudad el 5 de enero de 2016. Su trabajo fue precursor por sus investigaciones sobre los vínculos entre salud, nutrición, desarrollo infantil y educación en países en vías de desarrollo alrededor del mundo, de modo que causaron un cambio significativo de cómo conceptualizamos e implementamos políticas públicas a favor de los niños pobres.
Ernesto fue el primer estudiante en graduarse como psicólogo en la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1961. Luego, ganó una beca con la que realizó un doctorado en psicología del desarrollo infantil en la Universidad de Cornell, que concluyó en 1968. Después, Ernesto fue profesor en diversas universidades de Estados Unidos, como Yale, MIT, Rice, Houston and California at Davis, donde él trabajó por 20 años hasta que se retiró en 2002.
Ernesto estuvo entre el grupo de pioneros que ayudó a demostrar que en el estudio de la desnutrición debería incluirse tanto los macronutrientes como los micronutrientes. El hizo una contribución especial sobre cómo la falta de hierro provocaba anemia en los niños. Empero, él también demostró que esos efectos podían revertirse con tratamiento.
Otro estudio que ha sido referente importante es el de naturaleza longitudinal que dirigió en Guatemala para evaluar los efectos de intervenciones nutricionales en poblaciones rurales de dicho país.
Este investigador también se interesó en las consecuencias que los parásitos en los intestinos podrían tener sobre el desempeño educativo y el desarrollo intelectual. Él estuvo convencido que no había efectos directos y que la eliminación de los gusanos debían realizarse mediante políticas de salud pública, en vez de dar pastillas a los niños para dicho tratamiento.
En sus últimos años se interesó mucho en el desarrollo motor entre los 3 y 24 meses como un indicador del nivel general de desarrollo infantil.
En el 2007, el se sumó a un grupo de expertos que produjeron un artículo especializado que se tornó muy influyente sobre los factores de riesgo para el desarrollo infantil en los países en vías en desarrollo.
Los principales aspectos identificados fueron: desnutrición, estimulación cognitiva inadecuada, deficiencia de yodo, y anemia por la falta de hierro. Ellos también hallaron la evidencia de otros elementos que entorpecían el desarrollo infantil: malaria, restricciones al desarrollo del bebé en la etapa intrauterina, depresión de la madre, violencia y metales pesados.
A Ernesto también le pareció relevante los vínculos entre desarrollo infantil y educación. Un ejemplo de ello son sus estudios sobre el programa de desayunos escolares y la publicación de un libro que le encargó la UNESCO y se publicó en 1990: Malnutrition and Infection in the Classroom.
Ernesto no fue solo un investigador empírico puesto que cambió la manera en cómo conceptualizábamos el desarrollo infantil. El argumentaba, basado en su evidencia y de otros, que el desarrollo de los niños era el resultado de un complejo proceso de interacciones que comprendían la nutrición, la salud, la educación y el contexto familiar, incluyendo las expectativas y los valores culturales. Así, cuando los niños viven en pobreza, dicha condición interactúa con varias de tales factores. Por eso, cuando el abogó por intervenciones tempranas, es porque había encontrado evidencia de niños que se curaban después de haber estado desnutridos, si es que hubieron condiciones que contribuyeron a su recuperación.
Foto: Sebastián Castañeda
En Niños del Milenio / Young Lives, nosotros encontramos evidencia que respaldaba su idea general y con las bases de datos de nuestro estudio, con un grupo de investigadores publicamos un artículo sobre niños que tras haberse recuperado de la desnutrición, les iba mejor en la escuela.
La contribución del trabajo de Ernesto para la salud pública fue internacionalmente reconocida muchas veces. Él publicó más de 200 artículos en revistas especializadas, escribió libros, capítulos e informes, que han sido usados como referencias miles de veces. También participó en docenas de comités de fundaciones y organizaciones multilaterales, además de ser parte de los comités editoriales de muchas revistas especializadas.
Ernesto no solo influenció en la vida académica. En sus diferentes puestos, el asesoró a docenas de estudiantes de postgrado, muchos de los que ahora son profesionales influyentes en el mundo. Conocí a Ernesto en los inicios de la década de los 80, a través de un libro que era obligatorio para todos los estudiantes de psicología en el Perú: Desnutrición, Pobreza e inteligencia. El libro era un ejemplo vívido de cómo los métodos científicos podían ser usados para estudiar el desarrollo infantil, cuando para muchos, la psicología era el arte de la especulación. Más adelante, tuve la fortuna de conocerlo personalmente y colaborar con varios de sus estudios, que resultaron en publicaciones que me ayudaron a establecer una carrera. Considero a Ernesto mi mentor principal, y estoy seguro que es igual para muchos otros.
Además de los múltiples reconocimientos que recibió el Dr. Ernesto Pollitt por sus contribuciones, él debería ser recordado por los investigadores, legisladores y funcionarios gubernamentales del mundo por su aporte de dar a la nutrición y la salud un rol crucial en el desarrollo infantil y la educación.
